A lo largo de más de 6 años de trabajo, quienes hacemos parte de Comando hemos trabajado con muchas mujeres a las que guardamos un enorme cariño, cada taller, cada clase y cada charla tienen un lugar especial en nuestros corazones, sin embargo, hay experiencias que nos han quedado muy grabadas, experiencias que cruzan lo afectivo, lo corporal y lo político, este video surge a partir de la necesidad de dar cuenta de una de esas experiencias que nos han marcado y han llegado a nosotras en el momento preciso.

En la actividad propuesta, las asistentes al taller respondieron las preguntas ¿De qué me quiero defender?  y ¿Qué quiero defender? Creemos que hoy más que nunca es importante escucharnos.

Nos hace muy felices también compartir la carta de una de las asistentes al taller.

 

Hola, les mando saludos con cariño a todas ustedes, me siento muy contenta de haber podido participar lo días del taller que se realizó en Morelia hace algunos días, del cual todavía sigo aprendiendo y preguntándome aún más.

Durante el cierre de la sesión no pude lograr que palabras salieran de mi boca, quizá porque más que algún comentario tenía muchas preguntas que me daban vueltas en la cabeza de todo lo que había pasado en esos dos días (porque no pude ir al primero), además de que eso de hablar es algo que me angustia mucho, ¡¿y cómo no?! Si así nos han enseñado, “calladitas nos vemos más bonitas” ¿no?

Bueno, en esos días pensaba en tantas cosas que sentía que iba a volverme loca, una de ellas era que qué jodido debe estar la sociedad que tenemos que entrenar para defendernos de toda lo podrido de allá afuera, ¿por qué no sólo podemos ir por la vida sin miedo a que algo nos pueda pasar? A mí me parecía algo muy triste pero también me llenaba de coraje por lo injusto que es. Y, por otro lado, me parecía que estaba súper chido poder dar una respuesta a toda la mierda que nos arrojan y nos hacen a veces sentir sólo por ser mujeres, era como: “no está chido que nos veamos en la necesidad de aprender técnicas para defendernos pero pasa, y parece que toda la violencia pronto no se va a detener, así que hay que hacerlo, hay que responder ante eso, no podemos quedarnos a esperar a que llegué el día en el que ser mujer no implique tener miedo”.

Y parece que esa respuesta, puede ser desde una palabra, desde ése “NO”, hasta las técnicas que aprendimos. Sin embargo, fue en ese ejercicio, en el que un “NO” debía no sólo salir de mi boca, sino de mis ojos, de mis pies, de mis manos, de mi cuerpo, cuando supe que esa respuesta de la que hablo no iba a ser fácil, por todo lo que nos han dicho que debemos o no hacer, porque no va a agradar a otros y entonces nadie me va a querer, porque me dirán feminazi, loca, exagerada, porque mis propias experiencias de violencia me intentaban callar y en ése momento lo lograron, no pude hacerlo, pero sigo insistiendo y lo seguiré haciendo, porque calladitas no nos vemos más bonitas.

Ahora tengo todavía un moretón que me hice en un ejercicio y me duele, pero lo veo con cariño y como ustedes dijeron, hay que saber convivir con el dolor y no dejar que nos paralice, justamente para poder responder, porque hay otros dolores más fuertes, esos que a veces ni moretones dejan.

Me dio mucho gusto haber compartido ése espacio de lucha y resistencia con todas ustedes, crear un mundito entre puras morras que me dio la confianza para saber que no tenía que sentirme fuerte todo el tiempo, que estaba bien llorar y no sentirme mal por ello, pero que también me dio la fuerza para no quedarme ahí. Es por eso que escribo esta pequeña cartita, porque quizá en aquél momento no pude decir, pero sigo trabajando en ello y mientras eso sucede escribo, pero no me permito que todo eso feo que mencioné me siga silenciando.

Hasta la próxima, saludos a todas

Atentamente: Claudia Segundo